Guía completa
El líquido que casi nadie revisa hasta que hay una avería
El refrigerante suele cambiarse una vez, en el concesionario al comprar el coche, y luego se olvida durante 150.000 o 200.000 km. El problema es que sí envejece: pierde poco a poco su capacidad anticorrosiva y, cuando eso ocurre, empieza a dañar por dentro piezas que sí son caras de arreglar — radiador, bomba de agua, termostato, intercambiador de aceite.
No todos los anticongelantes son iguales
Cada fabricante especifica un tipo concreto, y las diferencias son químicas, no solo de color:
- G12, G12+, G12++, G13 (VAG rosa o morado): Volkswagen, Audi, Seat, Skoda, Cupra. Compatibles entre sí, el G13 sustituye al G12++.
- G05 / OAT azul: Toyota, Mazda y algunos Honda.
- HOAT amarillo: Ford y algunos modelos americanos.
- G48 azul-verde: Mercedes y BMW antiguos; en los modernos ya se usa G12++.
- OAT verde: Hyundai y Kia.
- Específico PSA/Glycol: Peugeot, Citroën y el resto de Stellantis en modelos recientes.
Mezclar tipos distintos no es simplemente “menos eficaz” — provoca una reacción que precipita partículas y puede acabar obstruyendo el radiador. Por eso, si no está claro qué lleva un coche de segunda mano, la opción más segura es un purgado completo y rellenar desde cero con el tipo correcto.
Cómo confirmamos el tipo correcto
Primero el manual del vehículo, que suele especificarlo con precisión. Después la etiqueta del propio depósito de expansión, que muchos fabricantes incluyen. El color del líquido actual sirve de orientación, pero no es definitivo — hay marcas que usan colores parecidos para productos distintos. Y si hace falta, verificamos la especificación oficial por matrícula.
Simple o completo
El cambio simple vacía depósito y radiador, y basta si se hace cada 4-5 años sobre un sistema que ya se ha purgado bien antes. El purgado completo, que además vacía el bloque motor, es la opción recomendada si nunca se ha hecho, si se cambia de tipo de anticongelante o si aparece contaminación.
Cuando el coche pasa temporadas sin moverse
No hace falta circular para que el refrigerante o los latiguillos que lo contienen se degraden. El calor acumulado dentro de un garaje cerrado durante meses reseca la goma igual que el uso normal, y las abrazaderas pueden aflojarse sin que nadie lo note hasta que el coche vuelve a rodar. Por eso, en la puesta a punto de un vehículo que ha pasado la temporada parado, revisamos el nivel, el color y el estado de los latiguillos antes de dar el visto bueno para volver a la carretera.